martes, 28 de febrero de 2012

El vecino de arriba

 "El vecino del piso de arriba se llamaba Pierre y era jardinero. Era a quien solía preguntar los cuidados de una planta de interior que me había regalado mi casera y que no sabía cuidar. Desconozco por qué la gente se empeña en regalar seres vivos sin conocer de primera mano si vas a ser capaz de sacarlos adelante. De momento, resistía en mi casa, aunque no ponía las manos en el fuego por el hecho de que algún día la planta no terminara en los brazos de Pierre.
De Pierre escuchaba sus pasos andando de un lado a otro de la habitación, tanto de día como de noche. Estudiaba oposiciones para un cargo administrativo en el Ayuntamiento, y, por lo que se ve, lo hacía caminando. Lo cual no tendría nada de extraordinario de no ser porque los suelos de todos los apartamentos de la casa estaban trenzados con madera antigua y crujían como los de un galeón viejo y oxidado.
-¿Qué tal hoy, Pierre?
-Bien. Un poco cansado, pero bien.
Me lo imaginaba a los dos y las tres de la mañana, memorizando leyes mientras recorría el kilómetro siete desde la ventana al baño.
-¿Le pusiste tierra nueva a la planta? –me preguntó, amable.
La planta. Ya no me acordaba. Pues no. Se me ha olvidado, pero le dije que sí. Debe estar más que mustia. Luego supe que los potos son incombustibles a los malos cuidados y que sobreviven incluso a personas como yo".
                          De Donde acaban los mapas (2012) 

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