jueves, 29 de marzo de 2012

Camino a Shanghai

"Una gélida tarde de viento y lluvia, su amigo Hua Tuo golpeaba vigoroso el cristal contiguo a la puerta de su oficina:
-¡Jing Tao! ¡Jing Tao!
Él se encontraba traduciendo los párrafos de un discurso del presidente que en pocos días sería enviado a los más importantes periódicos europeos y americanos.
Se volvió al escuchar la llamada. Vio a través del vidrio al joven revolucionario.
-¡Jing Tao, te necesitamos! ¡Abre!
Jing Tao se acercó hasta la puerta y le dejó pasar. Hua Tuo venía sofocado, sudando por el cabello. Se había quitado la gorra, que llevaba en la mano, y se limpiaba la frente y la sien con los dedos.
-¿Qué ocurre?
-Jing Tao, nos mandan a Shanghai. Quieren que formemos allí una célula para vigilar de cerca a los corruptos de la ciudad.
-¿Shanghai? ¿Y qué puedo hacer yo?
-Tienes que venir. Tienes que ayudarnos.
-Pero no puedo. Mi puesto aquí…
-No te preocupes. Dentro de poco, nada que no pase por las manos de los Guardias Rojos tendrá sentido. Solicita venirte con nosotros y no te arrepentirás.
-De verdad que no puedo…
-¡Claro que sí! Sólo tienes que dar el paso y convertirte en uno de los nuestros. Recuerda, Jing Tao: en uno de los nuestros. ¡Vamos, nos iremos mañana por la mañana!
¡Ven!".
                                             (Donde acaban los mapas)

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