lunes, 12 de marzo de 2012

El maestro de Taijiquan

"Después de atender al último cliente, bajé a la sala de los talleres. Jing Tao se encontraba practicando gimnasia china. Me acerqué despacio. Sus movimientos, conscientemente pausados, hacían doblarse ligeramente su cuerpo en cortas oscilaciones. La relajación de su cara le hacía parecer por un instante más joven.
-Señor Jing Tao
No sabía cómo llamarle. Con el tiempo supe que los chinos anteponen el apellido al nombre, pero a mí siempre me pareció un detalle intrascendente y seguí usando el patronímico más sencillo para mí.
Jing Tao continuó su tabla de figuras sin escucharme.
-Señor Jing Tao repetí.
Silencio.
-No quisiera molestarle, pero es hora de cerrar.
La tarde había caído sobre un París melancólico que se apagaba, mientras otro París, el nocturno, comenzaba a despertar y a salir de sus escondrijos. Los paseos y los cafés tomaban forma, como si de una nueva ciudad se tratara.
Su talle era ahora frágil. Sus manos, ya de por sí largas, parecían dibujar silencios en el aire.
-Señor Jing Tao
Jing Tao concluyó su último movimiento, inspiró profundamente y cerró los ojos.
-Ya está murmuró en francés.
Se volvió para mirarme. Tenía un brillo intemporal en sus ojos.
-Lo siento, no podía interrumpir la energía en movimiento.
-No se preocupe. ¿Tardará mucho?
-Sólo recoger mis cosas.
-De acuerdo, le espero.
-Será un momento. Se lo agradezco.
-¿Quiere tomar luego un café en el bar de enfrente?
-Muchas gracias hizo una especia de mohín al intentar sonreír-. Prefiero llegar pronto a casa.
Se quedó apilando sus enseres. Yo subí a la tienda para cerrar las persianas y dejar ordenados los papeles sobre el mostrador. Después, saqué de un estante el libro Historias y Costumbres Celtas que una clienta había solicitado por teléfono esa misma mañana y lo preparé para entregárselo al día siguiente. Me puse al hombro mi mochila y bajé de nuevo para ver al profesor.
-Señor Jing Tao
Ya no estaba. La sala permanecía vacía y perfectamente recogida. Subí las escaleras. Ante mi sorpresa, arriba tampoco.
Se había marchado".
                                                          (Donde acaban los mapas)
           

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