jueves, 1 de marzo de 2012

El misterio de la caja de madera

           "No sé si fue esa mañana, o esa tarde, o el día anterior.
No sé en qué momento ni qué sintió realmente Jing Tao al abrir la caja que guardaba como única fortuna en su pequeña casa. Una caja, gastada y plana, de madera forjada a partir de finísimas tiras de bambú entrelazadas, con las esquinas erosionadas y algo sucias por el tiempo. Una caja, como un cofre del tesoro, que llevaba con él media vida.
No sé qué pensó ni por qué lo hizo.
No sé qué estaba cruzando por su mente, en ese instante que desconozco, para que el viejo maestro abriera aquel armario pasado de moda del fondo de la habitación que era en sí su casa y la cogiera. Estaba allí, donde la había colocado nada más llegar a su piso, bajo un montón de ropa apilada.
Con ella en su mano derecha, buscó un sitio para sentarse.
La caja olía a madera y a años, a papel antiguo sin airear.
Hacía algún tiempo que no descubría aquella tapa. Cuando lo hizo, se emocionó.
Sacó de ella un par de fotos en blanco y negro, donde dos soldados posaban de uniforme ante el fotógrafo, orgullosos de sus fusiles de marca extranjera. La miró durante unos segundos. También había doblados unos documentos con sellos oficiales, y unas cuartillas manuscritas, apenas siete u ocho, cosidas a mano en su lomo con hilo fino.
Sostuvo en su mano los folios mientras tapaba de nuevo la caja y la introducía en su lugar de descanso. Se levantó y metió el manuscrito en su mochila, si prestarles mayor atención. Para qué. Sabía muy bien su contenido. Conocía a la perfección cada línea trazada, cada recóndito detalle de esas cuartillas.
Las había escrito él mismo hacía mucho tiempo. Tanto, que ya ni recordaba cuándo".
                                                                           
                               Donde acaban los mapas (2012) 

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