miércoles, 7 de marzo de 2012

El viejo libro

 "Me acordé de pronto de algo y me incorporé para sacar de mi mochila el libro de segunda mano que había comprado en la vieja librería. Escudriñé su portada, con las esquinas descoloridas, su índice y sus páginas manoseadas. Lo abrí al azar y me detuve en un párrafo cualquiera; luego, en otro de otra página distinta. Personajes y nombres extraños poblaban aquellos capítulos que hablaban de guerras, conflictos, muertes, reformas e inacabables pugnas políticas. Había fotos de campesinos pobres, y otros llamando a la lucha a sus compañeros, obreros con herramientas alzadas en sus manos, libros prohibidos y libros santos, cabecillas militares, pasquines de colores, carteles con caracteres vivos que parecían arengar a los suyos, propaganda ideológica, mujeres trabajando en las fábricas, jóvenes milicias universitarias, banderas, banderines, escudos, símbolos, plazas de Tiananmen repletas de gentes en distintas épocas y ante distintos líderes 
No recuerdo nada después de ver algunas de aquellas páginas. No recuerdo en qué momento cerré los ojos ni cuándo me dormí. Sólo sé que lo hice hasta el día siguiente y que mis sueños fueron asaltados por antiguos guerreros luchando contra muñecos gigantes que representaban dragones de dos cabezas; soldados vestidos de caqui con una cruz roja en el frontal de sus gorras tocando violines en medio de las montañas, con una música que llegaba como un eco hasta el final puntiagudo de los árboles; un Jing Tao anciano, con su mano izquierda sin mutilar pero escondiendo el puño con miedo; y unas letras chinas gigantes y negras, de las cuales chorreaba la tinta fresca con la que acababa de ser escritas, que terminaban por emborronar toda la escena como en el fundido a negro de una película surrealista y extraña".

                                                                   (Donde acaban los mapas

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