jueves, 8 de marzo de 2012

Escondido en la ciudad II

 "La habitación observaba un orden perfecto, casi milimétrico. Todo había sido colocado meticulosamente en su sitio, sin obviar nada. La ropa, doblada y limpia en el armario. Unos cuantos libros descansaban apilados sobre la mesa, junto a un cuaderno de notas y un lápiz grueso. La comida, dispuesta por el tamaño de sus tarros, en la pequeña alacena al fondo de la cocina. El lugar le agradaba. El edificio parecía, aunque modesto, sumamente decoroso. Y la zona, a pesar de estar frecuentada por turistas, no era ni mucho menos ruidosa. Además, prefería un sitio como aquel, con el ir y venir de la gente durante gran parte del día y de la noche. Un sitio vivo pero discreto.
El anciano contó despacio los pocos billetes y monedas que descansaban sobre la mesa. Los miró pensativo. Aquel era todo el dinero que le quedaba. El adelanto de varios meses de alquiler había menguado severamente sus reservas, así que tendría que buscar alguna manera de obtener ingresos. Y pronto. Encendió dos varillas de incienso en el pequeño altar que había creado sobre una repisa de un rincón del cuarto y meditó con los ojos cerrados durante un par de minutos. Después, cogió su gastado gabán verde y, aún sin ponérselo, salió de la habitación con paso ágil, sin tener todavía muy claro hacia dónde".

                                                        (Donde acaban los mapas)

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