jueves, 1 de marzo de 2012

Nueva York

De París a Nueva York se miden las paredes de todas las cosas.
Se acuñan letreros inalámbricos.
1945. Puente de Brooklyn.
1960 cabalgando en color.
            Las colinas de aquellos ancestros de lentejuelas y estandartes.
Las escaleras de los excesos y la nada.
Las simas de oropeles y el todo.
Mis cordones apenas atan mis botas
Al llegar a las pantallas de neones azulados.
           Nueva York me saluda afectuosa
Desde la cumbre de miles de ojos que no me ven,
Intempestiva, grandiosa y necia.

Nueva York habla desde los grafittis de aerosoles
En grandes cicatrices sobre sus murallas grises.
           Y un ejército de autómatas
Vestidos de modernidad de mañana
Se propaga como un virus entre los coches y las calles.
Un hombre joven con maletín camina deprisa,
Con fórmulas matemáticas sobre su cabeza.
            Una mujer recoge las transparencias de sus ojos
Sobre los carteles luminosos de los teatros,
Mientras yo me camuflo como puedo
Entre este despertar de caos, esperanza y vida.

                                                                                         (La ciudad que hay en mí

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