lunes, 23 de julio de 2012

La tienda esotérica II

"La dueña de todo aquello parecía ser la mujer que esperaba mi respuesta. Cuando salí de mi asombro, me centré sin disimulo en ella.
Iba a juego con la tienda.
Vestía una especie de túnica tejida a partir de mil trozos de telas multicolores, pero que le llegaba sólo hasta las rodillas. Debajo sobresalían unos pantalones bombachos que terminaban cuando comenzaban sus botas de tacón. Llevaba tantos collares al cuello que fui incapaz de mirar sin marearme: perlas, pequeñas piezas de madera, bolas de lapislázuli y ágata Su peinado era un revoltijo de pelo oscuro encrespado hacia el infinito. Un recogido que apenas podía domar aquella mata de cabello. Tendría más de cincuenta años, pero su tez limpia, suave, sin sombra de maquillaje, le confería un aire decididamente juvenil.
-Hola musité, todavía algo turbada-. Quería ver esos inciensos del escaparate.
Señalé aquel espacio inverosímil como si de verdad fuera posible encontrar algo en él.
-¿Incienso? me preguntó mientras daba la vuelta y se dirigía a un estante atestado de cofres y cestas-. Espera, te enseñaré varios.
Me temí lo peor. No tenía ni idea de tipos o clases de inciensos, y aquella mujer seguro que me obligaba a elegir. Afortunadamente, fue ella la que me los fue descubriendo, uno a uno:
-Mira, los tenemos para la paz interior, para el amor, la pareja, las relaciones sociales, la felicidad, el dinero y la prosperidad, el poder, la salud, potenciadores de energía, relajantes ¿Cuál quieres?    
Me había ido enseñando la vitola donde se leían las supuestas propiedades casi milagrosas del artículo. Abrumada por la profusa descripción en realidad, yo sólo quería un incienso para que en mi casa dejara de oler a la humedad que subía por las envejecidas  tuberías- apenas acerté a decir:
-No sé. Sólo quiero incienso. Para que huela bien.
-Bueno, también hay con olor a vainilla, sándalo, frutas del bosque, lavanda, clorofila, romero, menta...
-Uno que huela bien.
-Bien dijo, un tanto decepcionada por mi respuesta. A buen seguro esperaba encontrar alguien menos obtuso. Entonces prueba éste. Lo tiene todo en uno.
Me enseñó una cajita alargada donde se leía en su vitola, con letras naranjas y doradas: Incienso de Buda.
-Éste añadió-, aparte de ofrecer una agradable sensación aromática, proporcionará a tu casa una limpieza completa de energías negativas.
Era exactamente lo que necesitaba: que purificara el ambiente físico y me echara una mano también en lo espiritual.
-Te ayudará a oxigenar tus chakras y a purificar tu aura.
-¿Y cómo sé si debo purificar mi aura? Luego aprendería a no hacer determinadas preguntas en tiendas de estas características, como: ¿funciona este jabón que quita el mal de ojo?, o ¿y si el talismán del Dinero Seguro no me atrae riqueza? Estas eran cuestiones que nunca había que abordar. Por el momento, quise saber sólo la necesidad de purificar mi aura.
-Mujer, todos debemos hacerlo. Es como poner a punto el coche en un taller. ¿Me comprendes?
-De acuerdo. Me lo llevo.
-Espera, voy a encenderlo para que lo veas.
Cogió una cajita idéntica a la primera, extrajo el incienso y lo encendió con un mechero que apareció, como un buen mago, de repente y de la nada en una de sus manos. Casi de inmediato, una tenue pero penetrante fragancia a frambuesa alcanzó mi cerebro. Ella lo olfateó sin pudor y cerró los ojos como si de pronto experimentara un viaje astral. Por un momento creí que iba a levitar. Afortunadamente, siguió con los pies en la tierra, pero yo, temiendo que se fuera a desmayar, asentí rápida, le dije que me encantaba y cerré la compra. La mujer me dio un panfleto publicitario, y de regalo un velón dorado de al menos cinco centímetros de grosor:
-Toma. Enciéndelos juntos y te darán suerte.
Le di las gracias y salí de allí, con un leve rumor en el estómago que me hablaba de buenas sensaciones Abrí el folleto y comencé a leerlo con cuidado, mientras me perdía por la esquina de la calle próxima. El tríptico era muy descriptivo y estaba lleno de colores vivos y sumamente atrayentes. Encontré evocadores artículos de todo tipo puestos a la venta, desde los consabidos velones e inciensos hasta cruces de Caravaca y manos de Fátima, colgantes supuestamente milagrosos, llaves de la fortuna que abrían las puertas del dinero, herraduras, llamadores de ángeles, imágenes religiosas o de santería para concretar deseos, amuletos para la casa o para llevar en la muñeca, CDs con mensajes positivos, libros de espiritismo o de autoayuda que buscaban la prosperidad, promesas de convocatorias de próximos cursos y un encabezado que coronaba todo ello. Sonaba bien. Me gustó. Rezaba:

                                                EL BOSQUE GALO
                                    Tienda Esotérica y de Nueva Era".

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