domingo, 6 de octubre de 2013

El futuro del libro, más vivo que nunca




            El teatro está en crisis, dicen; y el libro, destinado a desaparecer, se escucha últimamente con demasiada frecuencia. Pero se siguen montando obras de teatro de forma constante y se lee, al menos, como siempre. Incluso yo diría que más. Las nuevas tecnologías posibilitan el acceso instantáneo a miles de libros y contenidos compartidos, y ello no debería verse como una amenaza o un peligro.  
            No creo que el libro en papel quede en el futuro como un elemento residual, casi de colección, como muchas voces aseguran. Si se cuida con esmero la edición de un libro físico, el lector seguirá comprando. Leerá en su dispositivo digital y también lo hará en su ejemplar de papel.
            La crisis de la industria editorial es otra, y creo que su solución pasa por saber llegar cada vez a más gente. Aunque sería muy debatible el tema de los precios de venta al público y las comisiones de los distribuidores, ante lo que quizá no se pueda hacer nada, hay otros elementos a tener en cuenta.
            En primer lugar, el libro, y su autor, deben ser cada vez más visibles. La imagen de un autor encerrado en su cuarto escribiendo, ajeno a todo lo que sucede a su alrededor y al contacto con los lectores, ha quedado trasnochada. El creador no puede vivir al margen de su creación. La relación autor/público debe ser fluida y mantener un vínculo constante.
            El escritor no es un ser especial, imbuido de una gracia superior a otros artistas. No es un iluminado que ha llegado a este mundo para redimirlo. Es sólo un creador, un autor que necesita un público para trasladarle su obra.
            Por ello tiene que estar cerca de él. Recuerdo cuando era niña y me preguntaba cómo serían los escritores, aquellos seres misteriosos a los que no veía nunca. Eran únicamente un nombre en la cubierta de un tomo. Hoy esto ha cambiado, por fortuna. Su presencia en Internet, en las redes sociales (donde se puede hablar con ellos de tú a tú) o en las firmas de libros, cada vez más numerosas, posibilita este acercamiento y esta deseable normalización.
            Durante los últimos años, las ventas de libros han bajado. Sin embargo, en la última Feria de Madrid se superaron todas las previsiones con resultados más que óptimos. ¿Por qué? Porque el libro debe abrirse paso para llegar a la gente, llamarla sin reparos, gritar que está ahí, y no esperar a que el público tome la determinación de ir a comprarlo. Hay que hacer de cada volumen un elemento cotidiano, visible, presente en la vida de todo posible lector.   
            El futuro del libro tendrá que adaptarse a una nueva relación. Las editoriales buscarán nuevas formas para provocar este acercamiento: las librerías ofrecerán sus libros al tiempo que indican que el autor tal, o cual, pasará a charlar con ellos en una fecha determinada; las firmas y las presentaciones se sucederán sin  parar; los escritores dialogarán con el público en los clubes de lectura, o en los grupos creados en Facebook; se crearán más eventos y ferias, más muestras y mesas redondas. 
            No hay otra salida y soy optimista en ello. Pero para eso, el libro deberá dejar de dormir en las repisas y salir a las calles. Abandonar su silencio de estantería para gritar que existe, que vive, y que merecer ocupar espacio en el corazoncito de un lector.
            Y así, todos, editores, público y autores, saldremos ganando.                    


No hay comentarios:

Publicar un comentario