martes, 12 de noviembre de 2013

PATRICK ROTHFUSS Y LA ESTRATEGIA DE FUTURO


El pasado viernes, día 8 de Noviembre de 2013, asistí a un espectáculo literario prodigioso. Y digo prodigioso porque no se trató de una situación baladí. A las siete y media de la tarde estaba convocado el público para la firma de libros del escritor norteamericano Patrick Rothfuss, autor de El nombre del viento y El temor de un hombre sabio.

Yo tenía un par de horas libres antes de resolver un asunto familiar (recoger a mi sobrino del Conservatorio, para ser más exactos), así que me acerqué a ver el ambiente literario que, a buen seguro, se iba a desplegar.

Llegué a la calle Preciados a las seis de la tarde y lo que vi ya me emocionó: miles de personas aguardaban cola bordeando el ancho edificio de la Fnac en Callao. La mayoría eran jóvenes. Mayoría, sí, y muy jóvenes. Todos esperando con paciencia y jolgorio a que viniera su ídolo. ¿Era un cantante de moda, un actor? No, era un escritor. Un autor de libros de fantasía bien escritos, aunque a mí me chirríe un poco la comparación con Tolkien que ya se lee por ahí.

Di varias veces la vuelta a la manzana tratando de absorber con la mirada cada detalle.

Y en el momento en el que volvía a situarme ante la puerta principal, sucedió.

Un tumulto, una algarabía indescriptible comenzó a retumbar por toda la calle. El murmullo procedía de la Gran Vía, pero no por el lado de la Plaza de Callao, sino por el margen trasero de la Fnac. Gritos, jaleos… ¿Qué pasaba? ¿Los cantantes de un concierto cercano? ¿La presentación de una película en uno de los cines de Gran Vía? Que nooooo, pesada, que era un escritor…

Fue todo tan deprisa que ni siquiera tuve tiempo para sacar mi móvil y recoger el instante. Ahora me arrepiento, de hecho, me arrepentí en el mismo momento, consciente de lo que estaban viendo mis ojos. Pero hubiera sido perder unos segundos preciosos y preferí disfrutarlos en vivo. Ni siquiera creo que me hubiera dado tiempo a otra cosa.

Rodeado por dos mujeres y un hombre, pero perfectamente accesible a todos, avanzaba a paso rápido un hombre grueso, con una barba muy poblada y ya cana; un poco más maduro que las fotos a las que nos tiene acostumbrados Google. Vestía unos pantalones anchos y una camiseta verde de manga corta (a pesar del frío) y llevaba en su mano derecha un móvil con el que iba grabando a la multitud que le aclamaba. Se le veía emocionado por el recibimiento. Los jóvenes le aplaudían, le jaleaban, se ponían delante para salir en una foto que ellos mismos se hacían a la carrera, que disparaban con sus propios teléfonos… Una locura.

Rothfuss entró en la Fnac ante el desorden y la alegría del público, que alzaba los libros  que esperaban ver firmados como un trofeo.

Salió entonces del edificio un hombre trajeado que anunció a la gente de la cola, ante la desesperación de muchos, que, por razones de tiempo, el autor solo firmaría un ejemplar. Uno solo. ¿Cuántos escritores no darían lo que fuera por estar ante un público tan numeroso y poder firmar varias ejemplares a cada uno? Pero tal afluencia lo hacía imposible.

Faltaba aún hora y media para que aquella gente pudiera comenzar a pasar y seguía llegando más público. Dentro, decenas de jóvenes, buceaban por los estantes de la librería mirando novedades y sus autores de moda.

Aquel espectáculo, con el que todos nos tenemos que congratular,  ya que es, en suma, el triunfo de la literatura, me hizo replantearme varios mitos demasiado arraigados actualmente en el mundo de la cultura:

1. Los libros no interesan. Mentira. Muchos libros, sí. Muchísimos. Libros buenos y con buena promoción, interesan y llegan.

2. Los jóvenes no leen. Mentira. Claro que leen. Y buscan tener de referencia a autores, libros y personajes favoritos. Ha sido así toda la vida y sigue siendo, aunque ahora ese amor se comparta con videojuegos.

3. Solo leen las chicas. Mentira. El 60% de los jóvenes que esperaban a Rothfuss eran varones de todas las edades. Otra cosas es que existan géneros preferidos por uno y otro sexo. Aunque tampoco tengo esto demasiado claro.

Es cierto que el público de los libros de fantasía es muy fiel, pero muchos, muchísimos de esos chicos del viernes también leen novela de terror, y negra, histórica, etc. Y los que no lo hacen aún, lo terminarán haciendo el día que sientan que deben abrir sus mentes a otros mundos.

Pero para no perder a esa cantera de lectores hay que incentivarles en la lectura futura, y hacerlo desde que son muy niños. Esa es una tarea que ha de afrontarse conjuntamente en varios frentes: casa, escuela, Estado. Si no lo hacemos, estaremos fracasando y de nada valdrán las quejas (que vendrán, y por parte de todos: padres, maestros, mercado).

Alguien podría decirme que el caso de Patrick Rothfuss es una excepción; una gota de agua en un océano. Pues bien, antes de seguir perpetuando mitos, aprendamos de la experiencia Rothfuss y establezcamos estrategias de futuro: ¡busquemos las fórmulas para crear mares y océanos!         

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